Crónicas Marcianas

Me considero una persona algo escéptica. Por eso, cuando esta tarde mi hija me ha dicho «hoy ha venido un alienígena a clase», le he dado relativa importancia. He preguntado por cosas banales, como por el color de su piel (si es que tenía piel) en qué idioma hablaba o si también tenía que llevar mascarilla. La pequeña me ha dicho que por qué no se lo preguntaba a él (es de género masculino). «¿Dónde está?». «Aquí, a mi lado», me dice, convencida. No niego que sea verdad, pero yo no lo veo. «Mamá, es que está usando su poder de invisibilidad». Será eso.

Lo dejamos ahí y seguimos con nuestra rutina. Ella juega con su muñeca Rosaura y con su nuevo amigo. Yo hago una conference call (hors camera) mientras empano unas pechuguitas de pollo. Termino con eso, reviso mochilas, limpio zapatos, atiendo llamadas del jefe, ayudo a los mayores con los deberes… Vamos, lo normal para un miércoles.

Al cabo de un rato la niña me pide que prepare una bañerita. «Es para el alienígena». La palabra le cuesta, pero lo dice muy convencida. «Es que está cansadito del viaje». Y yo le pregunto de qué planeta viene. «Del Planeta de los Alienígenas», de dónde iba a venir sino. Preparo la bañera. Echo un chorrito de jabón para pieles atópicas (no vaya a ser) y a medida que se forma la espuma se me ocurre poner también unas gotitas de colorante (verde). Orgullosa de mi cometido, pregunto a la pequeña si cree que le va a gustar. «Mamá, le va a encantar».

Mi hija y Blup Blup (al parecer así es como se llama el extraterrestre) se han bañado juntos. Han estado un rato jugando hasta que les he hecho salir del agua. Les he secado y les he puesto crema (también para pieles atópicas). Luego, les he ofrecido un pijama. Mi hija se lo ha puesto, pero se ve que el extraterrestre ya lleva su muda. «Es de color naranja».

«¿Qué come Blup Blup», pregunto. «De todo», me dice. Nos sentamos a la mesa pero el alien no prueba bocado. Ni la sopita ni las pechugas ni la guarnición de verduras que acompañaba. Tal vez no se fíe. No importa, me lo comeré yo mañana.

Hace un rato se han lavado los dientes, han hecho un pipí y les he leído un cuento. Que si un besito, buenas noches y hasta mañana. No me he atrevido a rezar, sacar el tema de la religión con seres de otro planeta no me parece prudente. No al menos el primer día.

Me acuesto y pienso que todo esto me recuerda un poco al Covid. Empecé escéptica. Luego cargué la nevera, la despensa y aún me debe de quedar algún rollo de papel de váter de aquella. Tomé vitaminas y me puse mascarillas que conseguí de estraperlo. Me lavé las manos hasta que dolieron y cumplí con casi todas las cambiantes normas. Ha pasado casi un año y, como este bicho también tiene el poder de la invisibilidad, nunca tengo claro si me ha acompañado o no hasta casa. Esté o no conmigo, lo que sí puedo asegurar es que ya forma parte de mi vida.

2 thoughts on “Crónicas Marcianas

  1. Q ilusión!!! Cómo echaba de menos tus posts!

    Y q grande Eugenia, para variar… muy fan!

    Enviado desde mi iPhone

    > El 21 ene 2021, a las 6:39, Intertextualidad escribió: > >  >

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